viernes, 21 de junio de 2024

[La Marea] Ignacio Pato “El Rayo Vallecano da el mensaje de que no todo está perdido gracias a lo colectivo, a sus gentes y a las alegrías compartidas”

En la vida existen ciertas cosas mediadas por los sentimientos, la pasión y el arraigo inusitado a un lugar que hacen que sean difíciles de explicar. Es el caso del Rayo Vallecano, ese equipo de fútbol que nació en una calle cercana al Puente de Vallecas en una primavera de 1924. Un siglo después, voces como las de Ignacio Pato en No es fiera para domar. Una historia centenaria del Rayo y Vallecas (Altamarea, 2024) se convierten en un corolario de testimonios que, pieza a pieza, desentrañan la unión entre barrio y club que solo la muerte de la afición podrá separar.

¿Cómo nació el Rayo Vallecano? ¿En qué se parece el club de ahora al de entonces?

El Rayo Vallecano nació como un equipo de calle, en concreto de Nuestra Señora del Carmen, como se llamaba entonces. Era un equipo superhumilde, mucho más de lo que es ahora. Para la gente que lo fundó, sería inimaginable adivinar en lo que se convertiría, ya no un siglo después, sino apenas un par de décadas más tarde. Tuvo la particularidad de que lo fundó gente muy joven, adolescentes de entre 13 y 19 años. Junto a ellos estuvo Prudencia Priego, asistiendo y cuidando, como diríamos hoy, todas esas reuniones y primeros pasos del Rayo aquella primavera de 1924.

Yo diría que aquel Rayo que el Puente de Vallecas vio nacer apenas se parece al actual. Por decir, ni siquiera estaba la franja. Vestían con camiseta y pantalón blanco y medias negras. Aquello fue la semilla de lo que es hoy, pero el Rayo ha cogido fuerza y entidad colectiva a través de los años. De ahí la expresión que tanto se repite, una especie de lema: el equipo de una calle, el orgullo de un barrio.

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